Monday, August 26, 2013

Madruguístico…


La locura cuando no se puede gritar, se escribe, y últimamente es recurrente documentar los pensares ya que es probable que asumamos que, si hoy en día las fotos son las que conversan, sean las letras entonces las conserven a los momentos. El viento no echa a volar las páginas de las computadoras… Entre la verdad y la mentira, la última es la más fácil de conjugar: yo miento y ellos mienten; quizás la balanza se justifica en el creer: tu mientes y yo te creo. La verdad hay que expresarla pero al creerla también puede ser mentira: habrá que confirmar lo que se conjuga y creer lo que expresa. Un verdadero instrumento para la sumisión cuando se usa desde la fuerza… Podemos dudar de nuestros códigos, por qué no. La verdad no es la que existe ya que hay que descubrirla, y la mentira, si se cree, entonces es una verdad, por lo tanto, lo que podemos hacer verdaderamente es mentir, porque cuando dudamos la verdad puede ser mentira y cuando creemos la mentira puede ser verdad… ¿Pero cuándo se duda, o cuándo se cree?, ya entramos al terreno de las posiciones, de las perspectivas o enfoques: ¿de dónde viene el argumento? O mejor aún: ¿de quién? El interlocutor es la respuesta, así que creeremos o dudaremos dependiendo quién es la persona que nos lo está diciendo… pero no siempre estaremos en el puesto del buen oyente, también seremos buenos hablantes sea que mintamos (o mentemos) así que por lo visto también dudaremos por este lado: ¿nos creen? Si es no, crearemos, y de ser sí, recrearemos…

Saludos sinceros que espero que me crean (y el espero es de expectativa)

Monday, August 5, 2013

vestigios de una costumbre


El hecho de que una medida sea tomada no implica su internalización. Como acto de justicia, siempre para la sociedad, se eliminan los carteles en los que leíamos reservado el derecho de admisión. Esto da a entender un reconocimiento a la discriminación y por lo tanto una mejora: todos caben, pero hay un tema de espacio, sea aforo o capacidad, y ahí se nos presentan los vestigios de una costumbre: qué tan reservado es el derecho de admitir, qué tan admitido ha dejado de ser el derecho de reservar; cuál es el derecho que se reserva una admisión. Quién tenga cabida, que deje entrar, y quien tenga portales, pues que los abra; así entra la discreción nada discreta a la hora de elegir…
 
Dejar para sí puede evocar un atesoramiento haciendo del permiso un privilegio: esto lo he hecho sólo contigo, nunca antes me había pasado…  Insistir, hasta el punto de constreñir, trae consigo una atribución otorgada: Si pero, no pero; quizás pero… Y llegamos, a punta de silogismos, retruécanos o pleonasmos, a querer para sí, o a no querer porque preferimos: tú no lo decías así, así que no es lo mismo… Por ahí presumimos que el nacimiento de una excusa no es más que reservarse el derecho de admisión, pero en los que atesoran; los presumidos, la excusa podría fungir de propaganda, como para que el resto suponga un valor más alto hacia lo atesorado…

Tuesday, July 30, 2013

Time goes by

 

Pedro Pérez siente un vacío: por la presencia de las dudas o por la ausencia de la respuesta deseada; una explicación que no lo llena, un desconsuelo quizás. ¿Qué sugerimos cuando complacemos? Pareciera no ser tan desinteresado después de todo. Bañado en el sudor propio de la fiebre, doble P decide ir a complacer a su pequeño Juan José comprándole, así, en medio de la lluvia, su regalo. Al llegar a casa, empapado y débil, Pedro hace la entrega – todo por ver esa sonrisa – y la sonrisa no se produjo, el no tan pequeño disfrutaba, más por obsesión que por deleite, del juego de video que acaparaba su atención. Es el silencio quien recibe al hombre del regalo, el cual, luego del saludo sin respuesta, se cambia y se procura una pastilla; se encierra en el cuarto, dudoso, no es la primera vez ni la primera persona con quien ocurre, entonces: ¿es dar la mejor forma de recibir? ¿Es cierto que el mundo cambia con tu ejemplo y no con tu opinión? Al parecer no con la Pedro. La reflexión es un desahogo y dentro de la mente del hombre es como un parque temático en temporada alta: los niños y jóvenes pensares se suben y se bajan de las atracciones, están los que se caen, los que son vigilados por los pensares más viejos, los que hacen la cola para volver a subir, los que descansan, ríen, lloran, gritan, juegan, hablan; se juntan y se separan. Todo ocurre en un tiempo relativo que se cuenta en miradas fijas pero errantes que cambian de dirección, con parpadeos  cada cierto minuto. Pedro vuelve en sí en algo parecido a un despertar, ahí nace el vacío; podría decirse que cerró el parque por hoy, por el momento en que duró el paseo, o la reflexión. Quiso hablar pero calló, quiso reclamar pero se contuvo, quiso llorar de impotencia pero lo pensó bastante más no suficiente – nunca se piensa lo suficiente – especialmente lleno del vacío que te dice (a él) que no puedes hacer lo que no has dicho y que el haberlo pensado es tarde, porque las ganas de actuar sucumben a las de decir y si no lo dijiste fue porque no lo hiciste y por eso te frenaste, un ciclo para callar y caer en cuenta del cansancio que produce bajar la mente al corazón y subir el sentir al cerebro, para nazcan las palabras, o las acciones…
 
Otra noche de silencio: el tiempo pasa…