En vista de los tantos problemas y patrañas
que han venido surgiendo por parte de los partidos políticos, hemos decidido,
por unanimidad, convocar a La Asamblea Constituyente, para que delibere junto
con el pueblo la nueva propuesta de elección presidencial… luego de eso
llegaron los infortunios, se decidió acabar con las cúpulas, pusieron a la
voluntad de un programa computarizado la elección del Presidente, y así fue,
hace ya unos meses, después que me declararan el divorcio, esa misma tarde
mientras asimilaba la buena nueva muy pero muy mala, usted ha sido electo
Presidente de la República…
no sabía qué hacer, quería encerrarme en algún cuarto de esta casa a llorar, a
recordar, a hacer lo que muchos hacen cuando están tristes; cuestionarse, darle
una bofetada al orgullo, humillarse, llamar para que te traten mal, rogar y
arrastrarse y luego negarlo ante los amigos; eso quise, y estaba por empezar a
hacerlo, iba a comenzar por el teléfono, pero tenía demasiadas llamadas, tantas
que el aparato colapsó. Miles de felicitaciones, de apoyo desconocido que
según, siempre estuvo ahí. Hasta ese miembro de la familia que no me hablaba,
hasta ese – esa – me llamó… Me tocaron la puerta del cuarto, el timbre de la
casa, ya el callejón donde vivía estaba lleno de periodistas de todos los
canales, y bueno, así fue, el nuevo presidente del que habían recién
prescindido como amante, como compañero. Me pedían sonreír y me pedían unas
palabras, ya portaba unas pocas lágrimas que nunca pude terminar de llorar,
creían que era por la emoción, como si esto yo lo pedí, como si yo era de esos
ciudadanos comprometidos con alguna causa, no, yo estaba armando mi nuevo hogar
– el que nunca estrené – ése por el que pedí aquel crédito más aquellas deudas.
Me consiguieron un saco, entraron a la casa y me llevaron casi obligado. A
todos los conocía de vista, claro, eran los aun ministros y diputados, todos a
mi alrededor, hablando entre sí y conmigo, al mismo tiempo, yo ni entendía,
empecé a decir que si y que no según el tono en que lo preguntaban. Fui al
baño, obviamente no sabía donde quedaba, me senté un rato, le escribí a un
amigo, estaba en línea, pero no conmigo, no sé, siempre pensé que entre él y mi
mujer algo surgiría, eran como parecidos, eso me carcomía, pero me tocaron la
puerta, Presidente, hay que revisar los convenios… Empezó mi gestión,
curiosamente los malos no lo eran tanto, resulta que había muchos de esos:
memorandos de entendimiento, y sí, pues nos entendíamos muy bien con el
supuesto enemigo, con todo el mundo en realidad, la crisis, bueno, era
inevitable, todos aquí querían algo y presionaban por ello, al final tenía que
ceder, que si este está con no sé quién, que si aquel maneja tales consorcios,
este otro es el socio en secreto del que se la pasa criticando, y al final
pues, todo el mundo estaba conectado, como los seis grados de separación, así,
unos con otros, tal cual, entre todos, defalcaron al Estado… Yo me excluyo,
pero no por honesto, no, con los días empecé a darle trabajo a los amigos,
incluso a ése, al que se quedó con mi mujer, puse a muchos en muchos cargos,
pero a ninguno lo puse de jefe, eso sí lo tenía claro, si los quería ayudar, no
podían estar a la cabeza de algún instituto, habría caído en nepotismo. Viajé,
hice contactos, hasta traje al país la banda que tanto me gustaba, olvidé
decirles que era músico antes de ser Presidente, pero no viene al caso, ustedes
me están juzgando por otros cargos, yo no tuve la culpa, la culpa la tuvo el
Parlamento, fueron ellos quienes eligieron al presidente al azar – con un
programa de computadora – yo qué iba a saber, ese día me enteré que me
divorciaba, que me dejaban por un amigo… y bueno, ya destituido pues, no tengo
más qué declararles, estar repitiendo este cuento cada mes es fastidioso, como
fastidioso es también que la gente me señale, yo siempre quise ser famoso, pero
por músico, no por corrupto…
Blog dedicado a la redacción de escritos, en su mayoría originales. /Blog focused on original writings mostly
Thursday, March 6, 2014
Monday, February 24, 2014
Relativo a los rótulos…
Cuando empezamos a
explorar el habla, descubrimos sonidos maravillosos, que asociamos a cosas, sin
estar previamente incluidos en la lengua de nuestra sociedad. Es así como
nuestros padres terminan repitiendo – porque es muy cuchi – los nombrecillos
con los que bautizamos ciertas cosas. Nuestra versión del mundo al que no hace
mucho hemos sido invitados. Cada uno de los presentes sabe y recuerda alguna
palabra, porque seguramente fue tema de conversación a lo largo del
crecimiento. Hay quienes aun no abandonan ese gusto bautista – yo al menos no –
A los niños les digo “ondónkiros” y a las mascotas “comuy”; no sé, me suenan
tierno, sí, probablemente existan como términos en otra lengua, e incluso
tengan significados perversos, lascivos y degradantes. Pero en mi mundo fonético,
la imagen que se forma a partir de este delirio es encantadora. Véanlo ustedes
mismos; niños y mascotas, inocencia, es perfecto. Pero el motivo de esta cita
no descansa en perfecciones, más bien se agota en contradicciones…
Tal como desarrollamos
esa facultad de crear palabras, también hacemos lo propio dándole significados
nuevos a las existentes, eso pasa en definiciones como camarada, que al parecer dejaron de compartir la recámara para volverse compañeros en ideología
política, pero no cualquiera, sino de izquierda,
en la derecha esa palabra sería un
sacrilegio… y pensar que todo empezó por dormir juntos, bueno, como los lados: girondinos y jacobinos, con esta gente, al parecer, empezaron los
posicionamientos en el parlamento, y de esto devino todo el rollo de las representaciones,
otra palabra buena ésta última, porque en el teatro también se usa, y así,
concatenando sin mucho raciocinio: el parlamento es una obra de teatro…
No pretendo criticar
escenarios. El motivo en desarrollo aquí – y esperando tal vez un debate – yace
en las etiquetas… hay acepciones, sí, pero no es eso exactamente. Venimos del
cuento de los varios significados. Me refiero a las ganas de etiquetar, como
vicio, y hasta peyorativo a veces según la dirección que hemos decidido
obedecer, inclinarnos por ahí, y con todos los complejos que arrastramos de jóvenes;
señalarnos unos a otros… lo digo otra vez: y así, concatenando sin mucho raciocinio:
el parlamento es una obra de teatro…
Sílabas actúan de malas
queriendo ser buenas, creando una especie de chocancia, o repudio, dependiendo
de las circunstancias en las que se mencionan. Algo parecido pasa con los
objetos, muchos terminan siendo símbolos, y entre estos y las etiquetas, nos
vamos perdiendo entre significados... bajo ese caldo ponemos a hervir nuestras
sensaciones, de libertarios opresores, de odiosos enamorados, de bondadosos
malvados, y quien sabe qué otra contradicción sugerida e impuesta, para que
luego se nos etiquete y así, como el parlamento, ser también una obra de teatro…
Sunday, February 23, 2014
toilette
Tuve el malestar a
media noche, ya me ha pasado otros días; olor a vómito y un calor así como de
alcohol. Vengo soñando con algo que tenga que ver con sexo. Entonces despierto,
acelerado, tanteando lento porque de otra forma siento que me caigo. Vuelvo en
sí y empiezo a escuchar mi sinfonía crepuscular; un ventilador que gira y hace
un recorrido, de seis segundos, yendo cada vez hasta donde mis papeles apilados
y medio alborotando las primeras páginas en una suerte de danza, que va y viene
y cae, pero no termina de irse, ni de caerse, cada vez que la brisa regresa.
Eso le da como ritmo, o no sé si en este caso aplica eso del beat, porque según
los entendidos, ritmo es otra cosa… Vuelvo en sí y la orquesta se extiende;
escucho mi lavamanos mal cerrado: puede ser que esa gotita que suena, casi al
tiempo del ventilador, tenga algo que ver con el sueño, o pesadilla, bueno, con
lo que me hace no seguir durmiendo. En algún lado leí algo sobre las formas y
las sombras y cómo se graban en nuestras mentes, cosa de que cuando cerremos
los ojos se nos proyecten cual plantillas, para recrear así a las escenas
oníricas. Luego se le da rienda suelta a lo que dijimos durante el día y con
más ahínco a lo que callamos, entonces resulta que vemos personas con nombre y
apellido y en lugares conocidos… Vuelvo en sí y me acerco al baño, enciendo la
luz y desde la poceta – ya sentado – veo mi cuarto oscuro junto con los papeles
que el ventilador hace que remueve; vuelvo en sí y pienso, recuerdo, doy
interpretación a lo que siento… no estoy incluido en el sexo del sueño, soy más
bien un espectador que no quiere serlo, no estoy viendo la escena, la he construido
a partir de unas voces, pero no, tampoco hubo voces, las voces también las
inventé, hice el momento a partir de palabras, eso es, algo le leí a alguien –
como lo de las sombras y los sueños – una promesa de placer, pero de uno que a
mí me amarga. Ya sé que no soy yo, pero tampoco es mi ex con su actual, será
que pienso en ella, o será que pienso en mi mujer; la pareja es siempre el
primer sospechoso, se dice en el Derecho, pero no, no tengo mujer, tuve, por
eso la llamo Ex…
Volví en sí. Ya era
hora de ponerle pasta de dientes al cepillo y hacer lo propio para quitarme la
careta de insomnio, esa con la que todos me ven y asumen que estuve de
parranda, o de marcha, como los españoles. A esa escenita le tengo siempre la
misma sonrisita que no afirma ni niega, con la que se conforman para seguir
asumiendo y para no seguir preguntando tanto. El trabajo es el mismo todos los
días: un lote de actas y transcribirlas, una por una, hasta que llega la hora de
irme y volver a mi casa, a mi cuarto con baño privado, a ver las noticias, a
ojear y a hojear también…
Aun sin volver en sí,
veo que pasó la media noche, la amargura de ese sexo del que no soy partícipe, ahora
con gritos, que no son de placer, pero algo tienen que ver conmigo, sí, los
gritos sí son conmigo, como si alguien que me he inventado dormido me apurara
por volver en sí y yo le digo que no, pero es intimidante, esta vez las gotas
caían más rápido que la vuelta del ventilador…
Hubo una noche en la
que sin haber vuelto en sí, me dispuse a contemplar fotos de mi ex, con algunas
sonreía y con algunas otras, pues,
obviamente me entristecía. Siempre es triste ponerte los hubieras en la frente y darte cuenta que no dispones de los hubieses. Suelen ser crueles esas dos
palabras cuando se trata de pasados que ya no son presentes: si yo hubiera yo hubiese, si tan solo
hubiera y no hubiese, pero bueno, eso no es todo el tiempo, eso fue esa
noche…
No podía volver en sí,
me costó despertarme y no quería seguir durmiendo, quizás los zancudos, quizás
los gritos, pero no solamente era sexo, gritos e insectos. No. Había una
ilusión, unas sonrisas, esas no eran conmigo, ni yo las provocaba, yo era ajeno
a esa alegría, y bueno, sí, hay alegrías que amargan, que te ponen mal pues, no
siempre quieres que el resto esté contento cuando tú no lo estas, o no quieres
estarlo. La alegría puede llegar a ser un tema convicción y no de consecuencia, pero el punto es que no
era por mí ni conmigo. Me dio hambre, pero sólo tomé un vaso de agua…
Anoche, anoche tuve el
malestar, no volvía en sí, ya que como me dijo el actual de mi ex, había bebido
demasiado cuando la llamé y la insulté, y es que ese día los vi y el día
anterior había visto sus fotos, las nuestras, cuando yo todavía no había leído los
mensajes que ellos se escribían el uno al otro, hablando de mí como se habla de
un tercero, con los verbos de lejos y ajeno. Los leí y sin embargo ahí seguí,
me aferré a la estupidez aquella de preferirla compartida y bueno, el actual
siempre quiso ser primero, y único. Cosa que no sé si fui alguna vez y sé que
en un momento no era. Por eso la despertaba cada media noche con mi insomnio,
porque no soportaba la idea de que durmiera conmigo tan tranquila después de lo
que ya yo sabía de ella, porque desde entonces, yo no he logrado volver en sí…
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