Monday, May 6, 2013

Libradores…


El pecado, dependiendo quien lo cometiera, era una forma de liberación. Se cuenta por ahí que algunos sacerdotes despojaban a una mujer impura de su maldad practicando con ellas acto sexual el cual, a según,  ellos estaban en capacidad de redimir. El fuego hacía arder a la herejía. El dolor físico depuraba a la contradicción. La humillación creaba conciencias. Y un poco más acá, las disculpas pueden nacer por la vía de la difamación. Anteriormente algunos podían ejercer el oficio de jueces, y eran estos entonces, dependiendo de la corte que los proclamara, los licenciados para juzgar. En algún momento de la historia el veredicto se tornó palabra sagrada y más allá de someterse a legislaturas se sometía a los criterios, lo que trajo como consecuencia la personalización del juicio y por ende su subjetivación. La cultura global nos ha venido diciendo que lo malo en un lugar no tiene porqué ser malo en otro, y que el criterio para juzgar puede variar según la cultura, así que es por la cultura con la que se da con el criterio y el criterio con el que se puede juzgar  y con lo que se juzga conseguir justicia y conseguir justicia para poder llegar a la liberación. En una letra de cambio el librado es quien debe pagarla,  sin embargo el librador es quien la emite. Una relación un tanto lejos pero un poco cercana a la del imputado en un proceso judicial, el cual debe pagar, pero sin ser librado; liberado, en tal caso. La condena es una forma de pago y por supuesto una  también de liberación. Entre librados nos conocemos y entre nuestros libradores nos reconocemos, así parecemos funcionar culturalmente, lo que se traduce a una sociedad muy nuestra. Los libradores imponen sus creencias y los librados nos las creemos, todo para que demos con la liberación. Lo que no nos dicen es cuál es la condena aún cumpliéndola y a veces ni conocemos nuestros libradores…




Nota: la imagen que encabeza este escrito es una fotografía tomada al cuadro que Gregor Grassi pintó para Soraya y para Orlan. Gracias a él por ese regalo. Gracias a ustedes por llegar hasta aquí...

Monday, April 29, 2013

Bienal


Se presumen prisiones las rutinas al asumirse libertarias las revelaciones. Un ejercicio propio del olvido por la inagotable búsqueda que no encuentra algo más allá de los previsibles ofrecimientos. Tendencias a las que no hemos tendido aún pero sí tenderemos los hábitos del pasado por húmedos, para que al menos los recordemos en seco; vagamente, como las fotografías instantáneas a las que ponían a secar mientras se esperaban… Es recurrente en la aventura selvática el encuentro con lo salvaje y con lo indomable, lo que siembra un deseo de emancipación en los ojos que contemplan el espectáculo. Un argumento útil para hacer películas, pues el testigo de la escena ya es famoso por protagonista; por eso lo libre no es popular y lo no popular no es una tendencia… Se pone de moda una trilogía: belleza, poder e inteligencia, quizás porque es inteligente poder ver lo bello, o más a lo Wilde, lo bello ostenta un poder inteligente. Habrá que esperar a lo que se tiende para entenderlo mejor… Hoy será la bienal de la realeza y será también mi bienal de verdad, que no será una tendencia, pero sí que tenderemos a durar…

Thursday, April 18, 2013

Sin trastes…


En el juego de los antónimos lo correcto es lo equivocado pero equivocado no es lo correcto, entonces, habría que entender, que para ser hay que no serlo y al no serlo no se puede ser. Digo esto por los contrastes que en  la sociedad se exhiben, dado que, los matices del clamor pueden mezclarse y dar nuevas razones, inéditas, y poco explicables. ¿Será el absoluto el opuesto del relativo? Pero de ser así el relativo no sería el opuesto del absoluto, porque de alguna forma este último absorbe al primero por su posición, pero no es el caso en la pregunta planteada, y eso lleva a darme cuenta que se pueden poner opuestos en un contexto más no pueden permutarse, ahí entra el orden: no hay un buen antónimo si no se está seguro del orden; eso explicaría porqué ninguno puede estar en todo y sí todo puede estar en ninguno. Curioso. Sapir/Whorf decían, o daban a entender, que la no existencia de un término condiciona a la persona a la hora de discernir, hay un ejemplo por ahí con los esquimales y sus distintos nombres para la nieve cuando para el resto todo es solamente nieve; o como el caso del color verde en algunas etnias. Orwell, en 1984, específicamente en su Neolengua, basa el orden entre otras cosas, en eliminar a los antónimos, por eso en la historia del libro es el Ministerio del Amor el encargado de la guerra. Un tema de contrastes sin duda, para dudar mejor…