El suelo pisa la suela y la cuenta no acepta el
cuento. El marco no tiene la marca por la raya que dejó el rayo. No usan la
plata para el plato principal. El costo en la costa es tan vulnerable como
sacarle la talla al tallo entre tantos arbustos abandonados. Se comen la pasta
y luego trabajan el pasto, el puerto no alberga la puerta ni se usa la correa
para amarrar el correo. Se acabó la cera para pintarle el cero a los barcos, el
ramo ahora sin la rama y las arcas ya no se dejan bajo los arcos. Se comen las
pasas y se descuentan los pasos, se deshizo la barra por usar mal el barro. Comercian
las fundas para llevarlas a los fundos, no ponen cuidado con el filo; en la
fila hay mucho desorden. Muy tarde les dieron el plazo para terminar la plaza,
el fallo de la falla; les dicen. Bebieron el tinto y olvidaron la tinta para
identificar la punta con el punto característico. Ratas a ratos, otro tema de
muelles y bares y terrenos y barcos. La nada que visita en la noche y el nado
en el día con los muchachos. No interesaban los libros más que las libras, hay
que adaptarse a las mercancías; el medio de la media, muchos decían. La conducta
por el conducto en construcción, el cejo que ya no levanta la ceja. Otro día de
pueblo que dieron la sal y el sol a las orillas de las tierras…
Blog dedicado a la redacción de escritos, en su mayoría originales. /Blog focused on original writings mostly
Wednesday, August 8, 2012
Monday, July 2, 2012
Glosando explicaciones…
La gente se empeña en no decir cuando habla y
en explicar demasiado con gestos. A ver, de qué se trata. Ayer el hombre de la
taquilla me lanzó el dinero sin yo haberle hecho algo, no me importa qué le
esté pasando, no quiero saberlo; pero obviamente grita desde su descontento las
ganas de contar su pena al primer curioso. Puede ser. La otra vez fui por
algunos tragos y una amiga me contaba lo bien que le va con esa simplicidad tan
propia de unas ganas, que por lo general nunca ganan, y siempre dejan entrever.
Es una máscara y muy usada. Todos somos en cierta forma infelices; los cuentos
terminan en algún inicio, se sabe que después viene la infelicidad. Se ve claro
al leer esos “para siempre,” yo digo más bien “siempre para;” siempre para una
segunda parte. Aparte. ¿Y entonces? Ah claro, vámonos…
Después de unas cuantas cuadras, esto de
caminar es como una exquisitez; la ciudad no ha sido concebida para los pasos,
si no, los zapatos bellos no fuesen los de tacón alto, es inútil hacer entender
que lo sano no es cómodo. Supongo que lo tóxico sí lo es. ¿No te gusta
intoxicarte de cuando en cuando? A lo que vamos no es precisamente a rendir un
tributo a la salud, es un daño que nos complace, y nos place por aquello de lo
colateral. Es cómodo además. Por cierto, ¿cómo hiciste? Mentí, lo usual, ¿tú? Callé,
lo usual. Hay tantas historias que se
escriben entre silencios y mentiras, no me explico cómo la acción en los verbos
se le atribuye tanto a la habladera, a muchos les gusta decir que hacen lo que
no hacen en verdad. No sé, aburre; por eso estamos aquí sin invitar cómplices;
sólo coautores. Llevo días imaginándote; serán los nervios, será el riesgo,
será tu cuerpo, serán tus besos. Seremos, seremos lo que no hemos podido ser. Nos
miran. Siempre no habrán de mirar; la culpa es la prenda que más llama la
atención y la que se viste con la más hipócrita de las vergüenzas…
Besos dices, pero…
Wednesday, June 27, 2012
Tribales y hadas…
El bar abrió y abría el paso a los espectadores
ávidos de sonrisas falsas e impaciencia cierta. Las anfitrionas bailaban para
el dinero y la pena y a la moral de las vergüenzas. El tiempo profesaba,
enseñaba; dictaba verbos a los labios, a las piernas, a las caderas. Se
atendían los cuerpos mientras lamentaban las mentes. Los sueños se perdían
entre las copas y se dejaba el calor entre marcas de dedos y pintura de bocas
secas. La música de músicos, la música sin músicos: las letras que recuerdan y
las que no se deben recordar. La mayoría alegres, para eso pagaron y beben. Se
anuncia el primer baile…
Contaba la gitana, por vestida y no por
hablada, contaba y cantaba; con alegría, con agonía. El público la aclamaba, la
manoseaba: era ese derecho adquirido por tragos recién comprados. Su cuerpo era
arte y sus movimientos protestantes; se imponían la sensualidad y la rebeldía: siempre
sedienta de un reto para restos que no dan sed. La fantasía era el exceso de la realidad y a
su nombre los sorbos; por eso aplaudían. Ella se escapaba y lo disfrutaba; la
pena se disfruta aún más cuando se vive sin estrellas y cuando la luna se
dibuja en techos de tabernas. Se anuncia el segundo baile…
Máscaras venecianas para ocultar algún gesto.
Los pensamientos también bailaban y se salían de las siluetas; la noche es de las
sombras: si hubiera, si fuera; pero por
eso estoy aquí. La gitana detalló alguna lágrima que aun no se confesaba.
En los pies descalzos se inicia la admiración de una mujer que te lleva la
mirada a las alturas. ¡Salud, a sonreír!
Saludos a las amigas de Paradisea Tribal
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