Sunday, February 23, 2014

toilette


Tuve el malestar a media noche, ya me ha pasado otros días; olor a vómito y un calor así como de alcohol. Vengo soñando con algo que tenga que ver con sexo. Entonces despierto, acelerado, tanteando lento porque de otra forma siento que me caigo. Vuelvo en sí y empiezo a escuchar mi sinfonía crepuscular; un ventilador que gira y hace un recorrido, de seis segundos, yendo cada vez hasta donde mis papeles apilados y medio alborotando las primeras páginas en una suerte de danza, que va y viene y cae, pero no termina de irse, ni de caerse, cada vez que la brisa regresa. Eso le da como ritmo, o no sé si en este caso aplica eso del beat, porque según los entendidos, ritmo es otra cosa… Vuelvo en sí y la orquesta se extiende; escucho mi lavamanos mal cerrado: puede ser que esa gotita que suena, casi al tiempo del ventilador, tenga algo que ver con el sueño, o pesadilla, bueno, con lo que me hace no seguir durmiendo. En algún lado leí algo sobre las formas y las sombras y cómo se graban en nuestras mentes, cosa de que cuando cerremos los ojos se nos proyecten cual plantillas, para recrear así a las escenas oníricas. Luego se le da rienda suelta a lo que dijimos durante el día y con más ahínco a lo que callamos, entonces resulta que vemos personas con nombre y apellido y en lugares conocidos… Vuelvo en sí y me acerco al baño, enciendo la luz y desde la poceta – ya sentado – veo mi cuarto oscuro junto con los papeles que el ventilador hace que remueve; vuelvo en sí y pienso, recuerdo, doy interpretación a lo que siento… no estoy incluido en el sexo del sueño, soy más bien un espectador que no quiere serlo, no estoy viendo la escena, la he construido a partir de unas voces, pero no, tampoco hubo voces, las voces también las inventé, hice el momento a partir de palabras, eso es, algo le leí a alguien – como lo de las sombras y los sueños – una promesa de placer, pero de uno que a mí me amarga. Ya sé que no soy yo, pero tampoco es mi ex con su actual, será que pienso en ella, o será que pienso en mi mujer; la pareja es siempre el primer sospechoso, se dice en el Derecho, pero no, no tengo mujer, tuve, por eso la llamo Ex…

Volví en sí. Ya era hora de ponerle pasta de dientes al cepillo y hacer lo propio para quitarme la careta de insomnio, esa con la que todos me ven y asumen que estuve de parranda, o de marcha, como los españoles. A esa escenita le tengo siempre la misma sonrisita que no afirma ni niega, con la que se conforman para seguir asumiendo y para no seguir preguntando tanto. El trabajo es el mismo todos los días: un lote de actas y transcribirlas, una por una, hasta que llega la hora de irme y volver a mi casa, a mi cuarto con baño privado, a ver las noticias, a ojear y a hojear también…

Aun sin volver en sí, veo que pasó la media noche, la amargura de ese sexo del que no soy partícipe, ahora con gritos, que no son de placer, pero algo tienen que ver conmigo, sí, los gritos sí son conmigo, como si alguien que me he inventado dormido me apurara por volver en sí y yo le digo que no, pero es intimidante, esta vez las gotas caían más rápido que la vuelta del ventilador…

Hubo una noche en la que sin haber vuelto en sí, me dispuse a contemplar fotos de mi ex, con algunas sonreía  y con algunas otras, pues, obviamente me entristecía. Siempre es triste ponerte los hubieras en la frente y darte cuenta que no dispones de los hubieses. Suelen ser crueles esas dos palabras cuando se trata de pasados que ya no son presentes: si yo hubiera yo hubiese, si tan solo hubiera y no hubiese, pero bueno, eso no es todo el tiempo, eso fue esa noche…

No podía volver en sí, me costó despertarme y no quería seguir durmiendo, quizás los zancudos, quizás los gritos, pero no solamente era sexo, gritos e insectos. No. Había una ilusión, unas sonrisas, esas no eran conmigo, ni yo las provocaba, yo era ajeno a esa alegría, y bueno, sí, hay alegrías que amargan, que te ponen mal pues, no siempre quieres que el resto esté contento cuando tú no lo estas, o no quieres estarlo. La alegría puede llegar a ser un tema convicción  y no de consecuencia, pero el punto es que no era por mí ni conmigo. Me dio hambre, pero sólo tomé un vaso de agua…

Anoche, anoche tuve el malestar, no volvía en sí, ya que como me dijo el actual de mi ex, había bebido demasiado cuando la llamé y la insulté, y es que ese día los vi y el día anterior había visto sus fotos, las nuestras, cuando yo todavía no había leído los mensajes que ellos se escribían el uno al otro, hablando de mí como se habla de un tercero, con los verbos de lejos y ajeno. Los leí y sin embargo ahí seguí, me aferré a la estupidez aquella de preferirla compartida y bueno, el actual siempre quiso ser primero, y único. Cosa que no sé si fui alguna vez y sé que en un momento no era. Por eso la despertaba cada media noche con mi insomnio, porque no soportaba la idea de que durmiera conmigo tan tranquila después de lo que ya yo sabía de ella, porque desde entonces, yo no he logrado volver en sí…


Thursday, February 20, 2014

¡qué difícil ser fácil!


Lo malcriado en nosotros pudiese considerarse como un cuadro viral con el que nos acostumbramos a vivir: eso está dando. Es típico. Y se le atribuye en un principio a una interpretación errónea de los amores primarios. De ahí quizás lo morfológico del término. Con el pasar del tiempo se pasa a la inconformidad, para luego enrumbarse en una incansable búsqueda hacia el temor. Finalmente; el objetivo yace en la admiración. Así pues solemos creer que mejor nos admira quien nos teme que quien nos ama. No dejamos de evocar a la infancia. Algunos estudiosos le dicen depresión, porque a lo mejor en ello se esbozan atisbos de inseguridad, puede ser, pero si deliramos un poco, y nos creemos el cuento de que nuestra personalidad se forma de capas; cual cebolla, la inseguridad se pela primero y por pelarse mal, además de llorar, en este caso nos deprimimos. Llegamos a la rabia, a la envidia, y confundimos todo eso con infelicidad. De ahí pasamos a las pastillas y a las prescripciones de químicos. En eso nos mantenemos, especialmente si descubrimos un buen vicio que nos justifique algún trastorno. Es que yo soy así. Pero el tiempo no deja de ser perfecto, y no es sólo el de Dios, por lo que dejarán algún día de temernos – quien sea que nos tema – y esa derrota nos la desquitamos con el amor. ¡Qué fácil ser difíciles! ¿no? O mejor dicho: ¡qué difícil ser fácil! Por eso el conflicto es una especie de paz y por eso la paz; siempre anda en conflicto…

Tuesday, February 18, 2014

Exceso de medicamentos…




Dos coleccionistas debatían entre valor y el esfuerzo como extremos de una balanza, para darle peso a sus satisfacciones. El primero aseguraba que el esfuerzo estaba por encima del valor (pecuniario) puesto que la suma de dificultades superadas, es la que engrandece al objeto símbolo del logro. Por otro lado, el otro coleccionista anteponía el costo al esfuerzo; la sapiencia (o sabiduría) dan poder al tino de hacer del gasto una inversión, al final, el resultado es lo que se exhibe. Entonces, entran al debate dos nuevos elementos en búsqueda de equilibrio: ¿Cuál es el honor del costo y cuál es provecho del esfuerzo? – usted, que quizás cuestione lo leído, ¿prefiere pagar, o esforzarse? Dirá que no guardan relación, y a esto vienen éstas palabras – Hay gente que hace los trámites y hay gente paga a un gestor. Pero el tema no es de papeleo sino de convicción, y hemos llegado… un par de niños se crían, cada uno con su familia, está el que pide porque le dan y está el que pide porque le exigen. Pero hablar de niños requiere de estudios ulteriores que quien impulsa estas líneas no posee. La cosa es, llegar, en un momento, a entender al menos algunas reacciones. Cuando usted reclama, por ejemplo, suele hacerlo basándose en una sensación, cosa que nos devuelve al principio – esfuerzo y valor – y por la sensación hacemos muchísimo, lo cual es lógico, porque la palabra en sí lleva encima un tremendo peso histórico… Fue escuchar, viajar, anhelar, enviar, ir y encontrar su camino, hasta que llegamos a la mente y así a los sentidos. La gente que influye lo sabe, por eso el sentir se oferta y aunque sea por un ratico lo pagamos, como cual droga, para que luego nos quede el vacío – y bueno qué son las drogas si no químicos para sentir - ¡Exacto! Valor. Esfuerzo. Sensación… ¿y esperanza? Pues sí, pero… habrá que tener cuidado con los excesos, la vida puede ser muy atrevida y por atrevida, repentinamente, eternizamos al vacío…

Todos somos coleccionistas…

Wednesday, February 12, 2014

Soñaron los niños con computadoras en sus cabezas…


“La frase 'todo tiempo pasado fue mejor' no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que -felizmente- la gente las echa en el olvido.”
Ernesto Sábato, El túnel


Fue lo que pensé cuando lo vi pero no porque me produjera burla sino por el posible significado.

El hecho de exhibir lleva implícita cierta carga de orgullo un tanto arrogante y no siempre es seguro; algo así como que lo muestro porque lo he de resaltar, sea por mi voluntad o por su mérito per se… entonces nacen unas pocas preguntas ¿tan bueno como para estar orgulloso? ¿tan orgulloso como para mostrarse arrogante? ¿No será más bien que no están seguros? No se sabe, pero quieren simbolizárnoslo a partir de la exhibición… Lo apresurado da atisbos de improvisación y esto último nos dice que el tiempo no fue aliado de las ganas, puesto que lo previo fue un instante y un instante, en este caso, nace de una ocurrencia, no de un plan…

Decimos esto porque la ocurrencia de mostrar (por orgullo o arrogancia) es – y aquí sí – con seguridad, para ocultar ¿pero por qué? Una verdad es imprudente cuando la conveniencia descansa sobre las mentiras, como cuando se le baja el volumen a la música, sigue ahí, sonando, ávida por descargar pero controlada a silencios de ruido, quizás porque molesta, perturba, pero ahí sigue, melodiosa; oculta. Hasta que alguien le da volumen y se apodera del momento y de las voces, los labios presentes; de no cantar pues: amuecan, y no les queda de otra, el momento fue canción como lo escondido un día será descubierto, revelado, y así por fin entenderemos que la mentira no fue una excusa sino un recurso, y que hizo falta, o no, y que la verdad pesa, como también libera… Nos inconformamos, a partir del delirio, así como unos exhiben para ocultar otros ocultan para exhibir, porque entre el orgullo y la arrogancia pues, la inseguridad es su péndulo, su columpio, o más bien quien da peso a sus balances. Entonces; mentimos con honestidad o, decimos la verdad con hipocresía… Habrá que mediar, acordar y acordarnos cuando nos sintamos distintos. El desfile aun no termina, los problemas tampoco…

Saludos y respetos…



Friday, February 7, 2014

Apuntes sobre la ilusión




Lo que empezó como una burla se hizo también un juego. Una costumbre que no data de muchísimos años; “la viva esperanza, las expectativas favorables depositadas en personas o cosas.” Los significados cambian con el tiempo y como signo de una conveniente y convenida evolución de las palabras. 

En un intento por delirar, pareciera que la unión de unas cuantas sílabas tiene un valor cual dinero circulante en billetes de baja denominación. Unimos varios para dar con una cantidad mayor, para alcanzar el precio de eso preciado; bueno, así se le toman a las palabras: inflación y devaluación, conversión y control cambiario. Ya Galeano habló una vez de inflación palabraria, yo me refiero a usos alternativos, tipo contrabando, o chanchullo; como decimos aquí… 

Tomemos un papel en blanco, escribamos con tinta, con grafito o con tizas, con un portaminas casi dañado del que sólo se puede esperar rasgaduras para el papel, bueno, con cualquiera de los mencionados, luego tratemos de borrar para escribir de nuevo; una misiva, una confesión de frustración. Enseñémosla a alguien, una, tres, cinco y cualquier impar que se nos ocurra en veces; siempre quedará la curiosidad de qué hubo escrito antes, más aún que el mensaje de ahora, y eso pasa con las palabras, que siempre albergan un par histórico y distinto y cuya carga se deja entrever a causa del tiempo y de las veces (y no debe ser casualidad que para el inglés ambos sean time)

¿Pero cuándo dejó la ilusión de ser burla para ser esperanza? ¿Qué fue ilusionarse?

Para quienes hoy en día respiran, la ilusión es un motor de vida que bajo ningún concepto debe dejar de funcionar, eso hace que entre en el comercio, que se venda, que se rente y que se pague con el fruto del trabajo. 

Lo que le vemos a las celebridades, lo que se pone de moda, lo socialmente admirable, los temas de conversación; el sensacionalismo – y no como vicio periodístico, sino como grandilocuencia de lo vivido – “la vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda…” ¡Y vaya cómo la contamos! 

No en balde la ilusión, que etimológicamente empezó como un juego, sea hoy en día destino de nuestra pasión y despecho; tal como el amor…

¡Salud!

Tuesday, December 31, 2013

Limpieza en pareja…


Quise recordar pero se me olvidaron algunos detalles. Generalmente lo mejor era lo peor, pero siempre los besos complacían y por eso nos amargábamos, porque el habla terminaba mudo y la protesta se vertía entre caricias ciegas que nos provocaban la vista, así es el buen tacto, perverso, excitante, de manera que la pelea se aplazaba, o más bien cambiaba de contexto, nos provocaba cansarnos y ya descansados pues, ¿de qué era que estábamos hablando? Nada, puro aire, sueño y bocanadas… luego venía el amanecer y las rutinas, y con ello, cierta melancolía, o rabia, no sé, a ti te gusta el conflicto y a mí la tristeza: una batalla épica, pero sin el bien ni el mal puesto que el dolor y la controversia se agarran de las manos, y cuando se enfrentan, hacen de los cuerpos un poema de vuelta y vueltas… Así nos vamos y venimos, entre el sollozo y el rechino de los dientes. Guiones aprendidos al derecho y al revés, para repetirlos a placer, pero sin obra, porque el desenlace es un nuevo comienzo… Se tachan los días y se acercan los compromisos, y los tenemos encima, pero no como nuestras pieles con almohadas, ahí sí que nos cumplimos… un día el argumento pudo más y…, y empezó el distanciamiento, la verdad se hizo quehacer para lo ya bastante irresponsables que nos volvimos, por eso seguimos sin regresar aún, sin tocarnos, y llenos de deudas, con el alma y con el resto, sí, restos también, pero somos cenizas ¿no? Todo es cuestión de volver arder, sin excusas, sin terceros, las nuevas pieles suman pero no consumen, no al menos como los detalles que quise olvidar pero ahora recuerdo, y generalmente – específicamente – lo peor era lo mejor: qué sea el beso la consigna, y si quieres, a las rutinas, les dejamos lo triste y lo molesto, al fin y al cabo, compromisos siempre va a haberlos…

Saturday, December 21, 2013

El hocico del cerdo…


Suelen las palabras describirnos a las personas, y bueno, al parecer, suelen los picos llevarnos a los rostros, por un tema etimológico… cosa de que, por las caras, nos vemos las muecas como si estuviéramos frente a un espejo, pero el espejo no es muy bueno para reflejar los pensamientos, la gente tampoco, pero hay un tema pedagógico aunque involuntario en el hecho…

Hay gente que está ahí y ese hecho nos lleva a asociar palabras como: disgusto, con esas personas, con sus rostros, con sus gestos y sus voces, y por así decirlo, sólo tienen que hablar y, cual hechizo; ¡bum! nos disgustamos… Un marido, una mujer casada. La frustración es un carrito chocón, tan ansiado a cierta edad, y en el parque de la vida, luego de pelearnos por el volante, nos quejamos de la situación. Entonces, la palabra toma forma de rostro, de gesto, nuevamente,  basta con ver al marido sonreír o proponer un brindis, para que el sabor amargo de una dudosa decisión, que en algún momento representó alegría, pues, se haga presente e invoque a la seriedad y a la tantas veces repetida auditoría de malos recuerdos. Y todo por qué; porque el rostro evoca, además, en este caso, la frustración se apersona… así vamos, poniéndole palabras a la gente; no todas son malas, claro está… la palabra goce, joy (como el inglés) se coloca en la mirada de algún amigo y sencillamente, él, o ella, sólo tienen que estar, simplemente estar, y nos agrada, nos sentimos bien, sonreímos de la nada (que es la forma más bella de sonreír) Pero no siempre es así, y lo malo, lo malo es que no podemos escoger en quién colocamos la palabra de agrado para que cuyo rostro nos brinde la alegría o la esperanza que necesitamos, por el contrario, quien más nos acompaña es quien lleva el peso del desagrado, como la mujer que le recuerda al hombre que ya no es niño, como la madre que le recuerda al hijo que no se ha emancipado, como el hermano que te recuerda que no eres feliz, como el amigo que te dice lo que no lograrás, todo con solo una voz, una simple mueca, con estar, con existir tan siquiera… y sí, es injusto, como todo lo humano… 

Friday, December 6, 2013

Publicare y no publicaré...


Mira, cómo te explico, a ver; en algún momento se nos habló de igualdades a través de la creación de estereotipos y preceptos que fungen de modelos a seguir para encontrarnos así en esa constante búsqueda, a la que dedicamos vidas viudas de primeras ilusiones. Quizás el primer resbalón devino de la creencia en que las labores pueden clasificarse y por dicha labor el estatus, y probablemente a partir de ese delirio quisimos entender pues que los buenos empleos se situaban detrás de un escritorio, bajo un código de ropa; así todos acudimos en masa a comprar el estereotipo preconcebido en publicidad y que nos acerca a esa mimesis con la que decimos, que ésta marca y estos colores, no son para todo el mundo. Pero claro, existe el arte; como excusa o como camino, pero existe; entiendo que el arte es la contravención de esa demanda, podría decirse que es nuestro modo de resistir hasta que se convierte en mercancía y por ende, en otro estereotipo. En un mundo de igualdad no existirían las manifestaciones artísticas, o puede que sí, y sería otra forma de política, pero puede no tratarse de evolución y revoluciones, sino más bien de ciclos por cumplir y cumplidos. Puede que vivamos bajo ciclos de purificación. Juguemos al creo, tú escoges, primero como creación y luego como creencia, o quizás al revés, por qué no: yo creo para que tu creas y la costumbre ya es religión; tú crees para que yo cree y la costumbre se hace resistencia, pero de tanto creer y crear justo con todos sus viceversas, mi religión y tu resistencia, resultan ser una sola creación; y bueno, a los borregos cómo los llamamos: creativos, y eso es lo que te piden para sentarte detrás del escritorio; creatividad…

Este es un fragmento de mi más reciente cuento corto, pueden hacer clic en cualquier lugar del texto que acaban de leer para tener acceso al escrito completo. Como siempre, sus opiniones son bienvenidas y agradecidas... Saludos en letras...

Monday, November 25, 2013

Nada…




Bajo las subidas y sobre las bajadas, ahí donde se encuentran las miradas perdidas, las que ganan un poquito de tiempo para pensar en grande; para pensar en soledad. La nada espera paseándose por los estereotipos, siempre lista para contravenir y llevarnos, a las miradas, al intercambio de frases agachadas que gritan con la moda y callan ante los pesares – o pensares, ¡quién sabe! – aquí el pensamiento pesa, pero no por lo que pudiera escupir en palabras, sino más bien por lo que acumula con los silencios. Se despiden las miradas, cada quien con la suya, y con el suyo, pues a veces no se está solo, y aquí yace lo confuso, pues nos acompañamos para distraernos pero buscando ese punto; al que se le apunta – y repito – para pensar en soledad… ¿qué tienes? Nada… – pero la nada es algo, alguien, algunas veces – Miramos los anuncios y escuchamos las charlas, nos ponemos como ansiosos, yo por presumir y tú por proceder. Vamos, a lo nuestro, que es de ninguno, pero entre carencias y sobrantes, aprendimos criticarnos, sí, a criticarnos, obviamente nos inspira más que los elogios, los últimos son buenos cuando vienen de los terceros, de esos terceros, los que se nombran pensando… y traemos a colación unos cuantos comentarios, una noticia; o una frase agachada, para sonreír y fingir que entendimos los que nos dijeron antes de empezar por nuestra cuenta y con dudas se anunció el comienzo, pero bueno, como todo, en el camino nos vamos arreglando…


Monday, November 18, 2013

con empujones y sonrisas


Pongamos que nos encontramos perdidos en una ciudad, grande, con otro metro y otro idioma, con otro clima, y por supuesto; con un ritmo que sacude a los pensares y los desordena… toca hacer dos grupos: sueños y recuerdos, primeramente, ya que lo nuevo; por nuevo, ha de pasarse por algo así como el asombro y luego ver, entre tanto desorden, si finalmente se convierte en un recuerdo grato… pero, el tema está en este presente, y presenta un confuso pasado.
Es de asumir que la convicción forja al criterio y ese criterio nos otorga un punto vista para pronunciarnos ante las situaciones a las que nos exponemos, de ahí a que un viaje tenga varios cuentos con empujones y sonrisas. Así pateamos la calle, cruzo, pero craso; me pareció ver una cara de un caro pasado, pero no reciente, ni resentido tampoco.  Un nombre me da vueltas en la cabeza y aparecen abuelos copulando, de repente, todos están desnudos - ¡sueño! -, pero percibo un sabor amargo de infidelidad… bajé los escalones para el tren y no para la vida, en la vida se supone que subes; me hablan en mi idioma, pero no sé si es lo que escuché, sigo con el sabor amargo. Vuelvo a subir, regreso, hago unas llamadas y todo parece en orden en casa: vidrieras, vitrinas, todo etiquetado para la venta; afinco los ojos tratando de disparar la vista: mi corazón sin sangre al cincuenta por ciento de descuento, parpadeo, y lo que era es una pieza, como de adorno, y si te llevabas una podías llevarte otra por la mitad… huele bien, como a fritanga, pero provocativa, y provocativa fue aquella mirada, aquel mensaje – sí, ese – y todo cae como el aceite que lubrica los dedos y humedece las servilletas; todo antes que sonara la corneta, porque después volví en sí – y en no (seguir agrupando) – Convicción, se me olvidaba: “El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando…” Miguel de Unamuno.

Sunday, October 20, 2013

Omiso…


"Sólo lo acepto para que no creas que has omitido algo…" En su proceso, Kafka me deja con una duda nueva que me encantó. El sólo hecho de invocarla me produce una emoción extraña, y es que al pretender persuadir - como acto digno o no de convencer - pareciera que lo hacemos porque creemos tener cierto permiso, y ¿qué nos lleva a pensar de esta forma? Dinero, no sabemos precio, poder, qué tanto, hay algo más; y es posible que se aloje fuera de la conciencia: suponemos que hemos realizado lo propio previamente, y ahí es donde me detengo: solemos creer que el mero acto de asomarnos ante el principio de una sucesión de hechos, nos otorga el poder de saltarnos a las estaciones y al tiempo, y sí, por qué no, irrespetar al desestimar a propósito de un proceso; tal cual un ramo de flores como disculpa por algo que hayamos hecho ¿eso se puede? pero, más allá de quien lo acepta: ¿estamos seguros de que no pasamos algo por alto? ... Claro, a la otra persona - que por supuesto no nos importa - pero queremos hacerle cosquillas a ese Yo que ha de alojarse en el otro, y cuya percepción (la de la otra persona, no la del yo) nos tiene sin cuidado... No somos buenos, he ahí la verdadera rebeldía...

"La mentira se eleva a fundamento del orden mundial..." y pues también, o tampoco: "No debes fiarte tanto de las opiniones. La escritura es invariable, y las opiniones, con frecuencia, sólo son expresión de la desesperación causada por [un] hecho..." Kafka confunde y convence…

Sunday, October 13, 2013

El último vómito…


Fuiste tantas cosas a la vez, que me cuesta creer que hoy no seas nada…
No sé si es el autor, pero sé que el intérprete es Chayanne

Si tuviéramos que poner en letras los primeros tragos, diríamos algo así como que: de la boca de la botella emanaba, en forma de cascada, el vino que fue a descansar dentro de nuestras copas, esperando que su poca espuma se esfume, para luego acariciar nuestros labios con el primer brindis… así más o menos fue y así nuestro sentido del gusto tuvo el tacto, un tacto que nos humedecía, y cada uno en silencio aprovechó y evocó un beso de sexo, tu el mío y yo el tuyo, porque al pensar en el placer, lo pensamos desde que empieza… dijimos varias veces salud, algunas sonrisas se amargaron de palabras, de recuerdos que se debieron olvidar, seguimos; empezamos a aflorarnos como un bosque en la primavera, pero un momento: ¿qué tanto sabemos de estaciones por estos lados del Caribe? Quedémonos con las estaciones, pero del Metro – del servicio metropolitano de transporte subterráneo – en la mente corre un tren por los rieles de lo vivido, el cual lleva y trae palabras permanentemente pasajeras, como todo tren para, y las viajantes – sobretodo los verbos – se bajan en pequeños grupos que, por muy distintos, o distinta, en el caso de la palabra; coinciden: separar y superar, conversar y convencer, consentir y comenzar – y de repente, por qué no – pudor y podar (porque en la dermis se dan los sustantivos, como en los sentimientos) desprecio y despecho… y el tren choca a causa de ebriedad… el peso que pasa puso pugna en la pena; el lazo del celo luce suelo, por ende luce sucio, mi cielo… la razón burbujeaba; la cena volvió a la mesa… no así nos servimos de nuevo, a dos efectos; porque nos servimos otro trago y nos servimos del momento… Cité entre balbuceos: “La primera traición es irreparable. Produce una reacción en cadena de nuevas traiciones, cada una de las cuales nos distancia más y más del lugar de la traición original…” y luego cité: “Un drama vital siempre puede expresarse mediante una metáfora referida al peso. Decimos que sobre la persona cae el peso de los acontecimientos. La persona soporta esa carga o no la soporta, cae bajo su peso, gana o pierde...” – ¿y lo contrario de ese drama? Me pregunté – Pues el drama de la levedad; ése que no es una carga “sino la insoportable levedad del ser…”

Y sopesó… o como Fue, de Soda Stereo: “y eso pasó…”

Sunday, October 6, 2013

por habernos sido...


Te acercabas a oscuras, para que el frío ardiera en respiraciones, medio cerrabas los labios y medio abrías los ojos; tu aliento acariciaba mi deseo. Mis manos torpes, pero decididas, fueron buscando atados: el placer ascendía, una prenda caía, luego ambos resbalamos y apartamos las almohadas, seguimos conversando con los besos… ya no eran mis manos, sino mis dedos, ya tu sabes que voy y de qué vengo, señalo, exploro, uno de unir gustos nuevos, al igual que tú, que tus manos, ese ir y venir de tus dedos y tus labios, empezó, y temblábamos, por la delicia, por todo este ritual de caricias… Nos movíamos; este, oeste, el norte era mutuo para cada sur de nosotros… Nos dimos la bienvenida, entra, entro, salgo, no tanto, fuerte, pero despacio, el frío se fue y nos quedamos, monosílabos, de costado, de frente, vino la corriente… nos hicimos por haber estado, por habernos sido; o hecho, ahora soy eres tú y estamos…

Tuesday, October 1, 2013

Codes


“Hay quien no sabe lo que le interesa hasta que empieza a hablar de algo que le aburre…”
J.D. Salinger El guardián entre el centeno

Desde que me da por hacer de mis delirios escritos, he empezado a creer – y a convencerme – de que es placentero el hecho de contar algo con palabras en un texto. Estoy empezando El Péndulo de Foucault de Umberto Eco y me encuentro con que “el mundo de las letras y de sus vertiginosas e infinitas permutaciones es el mundo de la beatitud, la ciencia de la combinación es una música del pensamiento, pero fíjate, has de proceder lentamente, y con cautela, porque tu máquina [o tu cerebro] podría proporcionarte el delirio, no el éxtasis…” a mí lo que me proporciona es el nacimiento de la última a partir de la otra, por eso este blog ha venido llamándose como se llama. Antes de eso Eco dice: “La palabra debe comerse muy lentamente, puede disolverse y volver a combinarse sólo si se ha de derretir en la lengua, y hay que tener mucho cuidado de no babearla..., porque cuando se evapora una letra se rompe el hilo que iba a unirnos a [emanaciones] superiores...” Hablaba de Dios, pero me encantó el contexto. Luego, y ya para dejar al ilustre tranquilo, me deja con esto, y por eso dejé de leer para empezar a escribir: “si desplazas una consonante sin conocer su poder, una de tus extremidades podría cambiar de posición, o de naturaleza, y quedarías brutalmente contrahecho, por fuera, de por vida, y por dentro, para toda la eternidad…” Las palabras son una de las formas más populares de develar lo que se encuentra encriptado en cada silencio que nos produce la percepción cotidiana, sin embargo, las costumbres impuestas nos impulsan a decir lo que se piensa sin pensarlo muy bien; eso hace que se nos distraigan los porqués que se terminarán conformando con la compra de algo, exclusivo, que nos agrupe con otros confusos más, así terminaremos compartiendo la distracción y no el motivo que produjo el silencio original. Los sentires se entretienen mientras se aburren los pensares, lo que siempre está a punto de descubrirse ya nos lo explicaron y nos lo vendieron con las miles de maneras que hay para no estar solo ni en silencio; averigüemos un poco la confesión del otro que seguramente el otro estará averiguando la de nosotros… Quiero esto y quiero aquello, casualmente algo dentro del comercio, es impresionante cómo hemos de sentirnos extraordinarios siendo cada vez más convencionales… ¿Pero de dónde viene lo de ser único? De lo que alberga ese momento de silencio, ése, que se distorsiona con la letra errada y crea a las palabras inciertas…