miércoles, 5 de noviembre de 2014

se requiere ser otros para llegar a ser uno




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Estamos en la época en que las razones no saben explicarse. Si quisiéramos ver esto en géneros, pudiéramos decir que un hombre y una mujer están sincronizando sus facetas favoritas, tal vez para detenerse un momento en el tiempo y pensar qué han hecho de ellos como personas, por qué han tenido que dividirse precisamente en esas facetas y ahí empezamos, a cambiar de puntos de vista, a hacer un ejercicio de empatía…

Pero qué es empatía; es acaso ponerse en los zapatos del otro como dicen por ahí, o es quizás un atributo humano para que podamos ver las cosas desde ópticas diferentes. No se explica con estas líneas, no es la pretensión que llevan en su mensaje; lo que sí pretenden es poner al servicio de la interpretación la siguiente afirmación: se requiere ser otros para llegar a ser uno, pero además de lo afirmado, también se pone presta a la siguiente duda: de necesitar ser otros, será posible escogerlos… Partimos de un momento en el que mientras Iris se une a Juan, Gisela ya estaba haciéndolo con Henry. Simultáneamente Elsa y Francisco lo hicieron también, además de César, que quedó con Denise al principio, y que no ha dejado de ocurrir… Si Elsa fuera Iris, cuándo sería Amanda; siendo Denise Gisela. Eso se preguntó en algún momento, así como también se preguntó que si Bartolo no es César, entonces por qué cuando era Juan, no prefirió seguir siendo Henry, si ya es Francisco…

Tal vez porque somos etapas, o porque tenemos facetas… tal vez sólo somos oportunidades y como oportunidades vamos flotando entre lo que hemos dejado que se imponga y lo que hemos intentado imponer… Nos definimos a partir de un encuentro, así se ha contado nuestra historia… Bartolo se hace César para Denise, Amanda ha sido Gisela y Elsa para Henry… podemos intuir que Iris fue Amanda para Juan y que Francisco fue Henry para Elsa, aquí vale preguntarse quién ha sido quien para el resto; porque ser ha sido una construcción permanente…

La gente no cambia; aseguran todos los preceptos, pero es que el cambio nunca ha sido el propósito… se incursiona en la colección (de seres, de pensares puede ser) y de eso componemos nuestra experiencia… nadie se ha preguntado acaso si tuvieran la oportunidad de echar el tiempo atrás y tener la misma oportunidad de nuevo, ahora que han incluido otros pensares (y seres), habrían dicho que no tal como lo hicieron, o más bien habrían dado aquella probadita por la que la abstención ahora sabe tan amargo… Vaya cómo pensamos en el pasado, pero es por eso, porque la experiencia (de la forma en que se ha tratado de explicar) tuvo un problema de oportunidad y de gente, de facetas tal vez erróneas y errantes a lo mejor… Y entonces dudamos, de sí, y de todos... crear y creer, oportunidad y convivencia, ego, ego legado, cuentos de hadas y olvidos y recuerdos….

Estamos en la época en que las razones no saben explicarse. Si quisiéramos ver esto en géneros, pudiéramos decir que un hombre y una mujer están sincronizando sus facetas favoritas, tal vez para detenerse un momento en el tiempo y pensar qué han hecho de ellos como personas, por qué han tenido que dividirse precisamente en esas facetas y ahí empezamos, a cambiar de puntos de vista, a hacer un ejercicio de empatía…




Escribí unos cuantos pensares pensados a través de diez personajes, lo llamé Per se. Lo llamé así por su significado, o más bien por su uso (en sí) El texto completo está disponible en el siguiente enlace:
http://www.bubok.es/libros/234178/Per_Se
Si gustan, pueden acceder a él de forma gratuita aquí:  
https://docs.google.com/file/d/0BwcyukbxfDSZazZvLU55YklGQVE
Bienvenidos sus comentarios, desde ya es un honor…
 

martes, 21 de octubre de 2014

¿cómo lo llamarían?






Pido ayuda a quien ponga sus ojos en estas palabras, es probable que ese sentir tenga un nombre, y que el nombre represente algo más que una definición; así son las palabras, sea por fonética, por la carga histórica que traigan, o por el uso que se le da y los fines que de tal acción devengan. Tiene que ver con la esperanza, con el instante; cómo el instante se prolonga a partir de un pensamiento que tal vez nunca llegue a verdad, un truco de la mente o de nuestra forma de sentirnos… Intuimos que algo anda mal, algo adicional; una cosa que se nos pone al frente de súbito. Hoy en día es fácil sentirse triste, incluso más triste cuando la gente a tu alrededor te dice que hay que verle el lado bueno a lo que ocurre (cómo odio eso) pero ese no es el tema. Estamos tristes, desanimados, desesperanzados, pues porque vemos al esfuerzo disolverse en resignación, por ejemplo, cuando te dicen que no hay boletos aéreos, algo muy de clase media, lo sé, un poco de empatía por quien es menos favorecido no viene mal, pero y eso de quién es culpa, uno no ordena sus sentires a partir del pensamiento, pareciera que sí, pero uno ordena el pensamiento a partir de sus sentires, al menos al principio. Tal vez, luego de mucha, mucha reflexión, puede que logremos ese balance que podemos llamar comprensión. Yo quiero escribir sobre el instante, instante que aun no les he escrito… Andamos cabizbajos y eso nos lleva a la molestia, molestia a la que nos acostumbramos y por ende llegamos a la indiferencia. Bueno. Andamos, todos más o menos en lo mismo, unos caen en el despotricar y otros en la vanagloria, entonces intuimos algo ulterior, algo fuera de la indiferencia, algo malo, al principio: por qué ella escribió como si no fuera conmigo con quien conversaba… entonces llueve, en la calle, en la mente, en los ojos, y en el silencio de lo que no se quiere preguntar. Un paréntesis de angustia para la molestia indiferente de todos los días… nos quedamos con esa idea como las palabras escritas a polvo sobre vidrios sin limpiar. Luego llega, de repente, algo sencillo pero inesperado: sonó una de tus canciones favoritas en el autobús y además hay gente cantándola. Te alegras, sientes placer, te llenas de esperanza, por un instante te llenas de esperanza, prolongas el instante, lo que habías intuido lo olvidas y escapas de la indiferencia, parece algo bueno, por lo que queremos que dure más, queremos poder acudir a eso otra vez, pero se va, y volvemos, como todos los días, y nos damos cuenta que lo de la canción no ocurrió… ¿cómo lo llamarían?




viernes, 17 de octubre de 2014

Humo




Pongamos algunas palabras a la brasa, saben, para que formemos una cortina de humo, al final lo que quede nos lo comemos. Cada semana se celebra algo, un triunfo, obviamente; el júbilo continuado se esparce de manera viral aunque la realidad individual oponga resistencia. Hay hambre de buena vibra, así que hay que hacer de la desgracia un chiste: aplaudimos al más cómico, ese que se ríe de sus propias penas. La concubina se quedó en casa, llamó al: llamémoslo, facilitador, ese que se encarga del entretenimiento que el concubino debe implorar como recompensa, porque en esa pareja las cosas son así, se accede por placer o por agradecimiento, y gracias al juego del esfuerzo, la vida nos colma de extrañezas. Esperábamos el mal que habría de alegrarnos, para tener razón en algo, hoy ya nada bien se explica, pero no; nos equivocamos. Todo el mundo celebra y mi jefe no quiere irse: no tiene nada de qué alegrarse ¿Por qué no acude a los brazos de su esposa? Le pregunté. No es mi esposa aún; y ésta noche me toca darle la noticia, por lo que no habrá placer para mí hoy. Me dijo… ¡Pero si todos están celebrando! Pero eso fue ayer, hoy la noticia sigue viva pero el humo se renueva: llegó mercancía, setenta unidades; somos más de doscientos, hay que llegar temprano, hacer la cola, no queremos quedar por fuera, ah, pero no, ya hay treinta apartados, de antemano, serán sólo cuarenta los afortunados. El concubino llegó de veinte, lo que significó ser el cincuenta, pero le consiguió el artículo a la mujer, hoy quizás sea recompensado, pero quién sabe, el facilitador no va a visitar a la concubina, también tiene mujer y ésta también quiere una unidad del preciado producto. Sí, trabajan juntos, no revueltos, pero asisten a la misma institución. La concubina estará de mal humor, veamos cómo le va a mi jefe... Hoy los compañeros se reunirán, es viernes, hay que salir, la buena vibra pues, y yo, bueno, yo creo que le haré una visita a la mujer del facilitador…



lunes, 13 de octubre de 2014

Puede que el estatus ya no sea algo bueno, y puede que el conformismo de no mejorarlo sea aun peor…


No quiero copiarles la definición de estatus social, pero conseguí esto con lo que me dieron ganas de escribir: “El estatus [social] suele ser adscrito en virtud del sexo, la edad, las relaciones familiares y el origen, con lo cual el individuo queda inserto en un grupo social específico, independientemente de su capacidad o sus logros. Hay, por otra parte, un estatus adquirido, que se basa en el nivel educacional, la ocupación, el estado civil y otros factores que suponen esfuerzo personal. Los grupos de estatus difieren de las clases sociales porque se basan en consideraciones relativas al honor y al prestigio y no a la posición puramente económica. El estatus relativo es un factor determinante de la conducta interpersonal y la competencia por el estatus parece ser una motivación fundamental en los seres humanos…” y me quedo con lo último, que, más que motivación, pareciera ser una necesidad, pero no simplemente, ni solamente: con el tiempo, una necesidad no satisfecha puede engendrar desesperación o frustración, dependiendo de lo que alberguen las personas como logro o esfuerzo. Quizá nos sintamos frustrados, pero la desesperación nos arropa primero (y así entramos en calor) por lo que el tema del estatus define, mejor, nos define, en una búsqueda errante…
¿Es la situación que vivimos lo que nos molesta tanto? Puede ser, pero molesta aun más el hecho de que ese estatus se vea amenazado… ¿nos revelamos entonces? Bueno, esto sugiere la gran pregunta: ¿a qué estamos dispuestos por ello (El estatus)? Ajá, eso está bien pero… entendemos que por mucho convencionalismo que nos dicten los medios y su publicidad, no llega igual a todos, así como ninguno tiene porqué ajustarse al mismo precepto convencional… Hay unos cuantos que disfrutan de la buena vibra, que consiguen sonrisas en eso de las cosas sencillas… Encontré un filósofo (Byung-Chul Han) el cual dice, más o menos: que tanta positividad nos ha condenado al agotamiento [y concateno un poco] Puede que el estatus ya no sea algo bueno, y puede que el conformismo de no mejorarlo sea aun peor… quienes nos gobiernan lo saben, y por saberlo nos controlan: acaso creen que el embotellamiento y las “horas pico” son casualidades de ciudad; creen que eso es un mero fruto demográfico. Acaso la inseguridad no es también otra forma de control. No hablemos del horario de trabajo: todo el mundo a la misma hora en cuatro paredes, detrás de un escritorio, quejándose de su estatus…
Un delirio más que les dejo.
Saludos en letras…