lunes, 15 de septiembre de 2014

la belleza es esperanza


No es que a ellos les vaya bien, es que a mí no me va mejor. Ajá, ¿y entonces? Bueno, que no sé alegrarme de algo que yo no haya impulsado y de lo que no obtenga beneficio alguno; de hecho quisiera más bien que se alegraran cuando yo me alegro. ¿Pero cuándo me alegro? En primer lugar, cuando someto a mi voluntad; cuando mi chiste es el más gracioso, cuando mi gusto es el más exquisito, cuando mi elección es la más certera; mira: cuando mis pataleos se aplauden mientras yo reprocho los del resto. Sí, eso me alegra, pero la alegría se va, puesto que no me basta: siempre vivo en guerra, sobretodo luego de ganar otra batalla. ¿y cuando pierdes? No pierdo, pierde quien deja de luchar y yo ni ganando abandono la guerra, y sí, todo el mundo puede ser mi enemigo, hasta los que me aman... Algún día voy a querer algo que el amor no me va a poder dar, entonces, empezará otra batalla, ¿y ni siquiera por los buenos tiempos? Los buenos tiempos son para la gente de paz, yo vivo de la guerra y eso es lo que quisiera dejar claro: mi guerra es mi paz… [y ahí me acordé de un libro, pero no venía al caso. Escuché en silencio. Luego me atendieron y dejé a ese loco que no tenía con quien desahogarse…] "Sólo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser" Gabriel García Márquez [acabo de leer esa frase, aunque no la recuerdo de lo que recuerdo de él, pero las fuentes concuerdan y además me gusta mucho…] Esto. Esto sí quisiera escribirlo: “Las sombras son sirvientes de la luz, hijas del fuego. La llama más brillante es la que proyecta las sombras más oscuras…” Eso lo leí en el segundo libro de Juego de Tronos, que no se llama así sino Canción de Hielo y Fuego: Choque de Reyes; y eso lo dijo “Melisandre,” que dentro de la historia parece una mezcla entre hechicera y estafadora…

Lo pongo por escrito por lo del loco que me conseguí haciendo la cola. Nunca creí que iba a hacer tantas colas, y con este calor, bueno, es demasiado para lo huraño que soy; hablo con más gente de la que quisiera. Ah, y el calor… Pero lo que quiero dejar por escrito es lo siguiente: en la medida en que hacemos algo que consideramos bueno nos llenamos de luz, por ende, tendremos sombras más oscuras, quizás funcione al revés y de ahí que la luz sea belleza y la belleza es esperanza, sí, así es, nuestra esperanza estriba en nuestro concepto de belleza, y puede ser una imagen distinta en cada quien. Pero al final es eso, nuestra visión de la esperanza… un loco malcriado te habla y te enfocas en lo molesto que es lo que dice, hasta puede que te sientas aludido, pero luego observas algo bello, una imagen con belleza para tus ojos: un bebé, una mascota, la sonrisa de un niño, o de un anciano, una mujer con un cuerpo de ensueño, y sí, te viene la esperanza y así andamos… Lo puso Cerati en Ángel Eléctrico: “aún tengo al sol para besar tu sombra…”

¿y Gabo? Claro, eso fue un recordatorio. La luz y la oscuridad de nuestro ser tiene mucho que ver con lo amados que nos sentimos, incluso para el tipo de las primeras líneas, y ahí les va otro recordatorio; de Nietzsche: “Qué sabe del amor quien no ha tenido que despreciar precisamente lo que más amaba…” [Esa sí la vi en un libro de él]

Saludos en letras…

jueves, 4 de septiembre de 2014

“y esa inconstancia no es algo heroico, es más bien algo enfermo”


Recién nos enteramos del fallecimiento, por fin descansó. Siempre lo recordaremos, al menos yo siempre lo recordaré; un lago en el cielo donde el tiempo es arena en mis manos, pues, no se olvida, ni siquiera con el bombardeo de noticias… una vez dos agonizaban, quizá por la misma razón, pero lo que me contó el primero fue algo más o menos así: hay personas que sin haber pedido una obligación, la asumen, la cumplen; yo soy una de esas, dijo. Vivía con mis tíos, y mi primo era la prioridad, todo lo que él inventó yo lo asumí, obviamente lo malo, porque lo bueno no era objeto de regaño… y yo no objetaba, yo lo asumía, era mi responsabilidad y así crecí, responsable, responsable por lo que no debí haber sido y por eso no fui feliz, ¿pero quién lo es? De eso me di cuenta con el cuento de mi enfermedad. Sí, fui más cansado, claro, pero no más infeliz que el resto, tal vez me perdí cosas a lo largo de mi vida, pero siempre me sentí útil, lo útil me hizo sentir maduro, y lo maduro sabio, y eso era lo que veían en mí aunque para mi mujer siempre fui un tonto, ¡pero qué más da ahora! Ahora me muero y ella, con el otro, no es feliz tampoco… Hizo una pausa, yo realmente no entendía nada, pero le escuché en silencio, atento, puesto que nadie venía a verlo, luego siguió: durante un buen tiempo estudié mi situación, me hice adicto al deber ajeno y mientras más me molestaba, mientras más me cansaba, más importante me sentía, y se notaba, no lo importante, lo cansado, y me decían que no lo hiciera más, que otro lo haría y yo sentía terror, porque yo era el que podía, yo era el que lo hacía, entonces entendí que no se me debía ver el cansancio, y así pasó mi enfermedad, ahora; estoy solo: inútil, inmaduro, y sin juventud… Pero esa no era la única historia triste del día, también estaba el otro que agonizaba; el otro infeliz. A diferencia del primero éste no hablaba conmigo, de paso lo visitaba un gentío, pero los escuchaba, escuchaba a sus allegados hablar: nunca asumió nada, si, tanto ruido que hizo cuando se casó y al final, nunca fue fiel, ¡cómo presionaba! Para esto, para aquello, luego se cansaba y eso que hizo lo que quiso, siempre le tuvo fobia al deber… Debió haber sido feliz (intervine en la conversa) No, para nada, nunca supo cómo se llenaban sus vacíos, pero sí aprendió como hacerse ver, y aunque nosotros lo sabíamos, éramos complacientes con tal de no escucharle la lengua… Habría jurado que los dos que agonizaban eran primos pero no fue así… terminé mi jornada y pensaba para conmigo: cómo alguien asume la responsabilidad de otro y el otro no la asume para sí… el equilibrio suele ser tan desproporcionado a veces…

lunes, 18 de agosto de 2014

Vi decir o alguien dijo




Alguien dijo que las palabras escritas fueron suspiros que se tuvieron que ahogar en el silencio. Claro que no debe aplicar para todo, pero sí, es posible; es posible que un deseo sin confesar haya yacido entre unas cuantas letras: no quisimos decirlo, nos grita y nos grita desde el pensamiento, nos enfermamos (de una u otra forma) hasta que lo plasmamos y, digamos, logramos mitigar el motivo: el mar y tú cuando no hablas (el maremoto y tú cuando no callas) 

Alguien dijo también que el exceso de sinceridad era otra forma de hipocresía: lo digo porque puedo, porque no tengo pelos en la lengua… yo tampoco los tengo, en otros lugares sí; por supuesto. Pero cuando sabemos que tenemos dagas, en lugar de palabras, sabemos también que no podemos decir lo que no podrá revertirse, entonces nos ahogamos… pero… nademos un poco: a ver, el abuso de la palabra para decir lo que no quiere ser escuchado responde, y aquí viene el delirio, a un tema de consumo, y de oportunidades, por el mero hecho de que nos sentimos atacados… 

Vi decir a alguien que estaba enfermo, vi también que no tenía ganas de sanar, vi cómo emitía juicios, y todos partían de su falta para consumir… así pues, ésta persona que ve a otros comprar puede bifurcarse en un obvio par de situaciones: progresar para también consumir o, envidiar a través del descrédito, para poder criticar al que progresa… puede resultar lamentable, sí, (alguien lo dijo y también lo vi) que el progreso se base en el consumo, y entiendo que si esto es una premisa va devengar múltiples vicios (vicios que se creerán virtudes)  Pero quien no está acostumbrado a producir difícilmente entenderá la diferencia entre invertir y gastar… juzguemos al gasto entonces, y entonces nos dirán envidiosos… progresemos, ¿gastando mejor? ¿Y entonces? Bueno, entonces seguimos escribiendo…